Advertías con luces rojas el desastre que causarías, pero no quise ver.
La fiebre que causabas era enfermedad. Paradójicamente con fiebre también fue que el cuerpo eliminó tu virus.
Camino con los pies descalzos, mi corazón me llama a escribir. Algunos dirán que en lo que guardo voy contando mi destino.
sábado, 21 de julio de 2018
sábado, 14 de julio de 2018
La vida de los peces
Cuando en el mundo somos sólo los dos, como peces en una pecera, el tiempo corre distinto, lento y deprisa a la vez. No hay obstáculos, no hay ideas que nos hagan dudar. Nos enredamos poco a poco, aunque sin moderación. Decimos cosas que parecieran venir desde el lugar más íntimo de nuestro ser, y sin embargo más tarde quizás hasta las olvidamos -cuántas conversaciones hoy parecen no haber existido-. Dejamos ver con transparencia y sin temor algo que fuera de ese círculo solemos ocultar.
Pero el mundo es más grande, muchísimo más grande que una pecera y afuera el tiempo nos persigue, nos alcanza. Afuera de esa pecera el tiempo corre igual para todos.
lunes, 11 de junio de 2018
Era invierno, era frío.
Habituado al frío refugio su corazón aprendió a volverse piedra. Jugaba de tanto en tanto a ser el maestro y adoptaba un aprendiz dispuesto a poner atención a los detalles y aprehender cada idea que salía de su boca como si fuera un tesoro.
Mientras subía por el camino vio las marcas que dejaron las hojas caídas por el otoño. Se preguntó si habría sido el viento quien se las llevó a otro lugar, si les dio un camino feliz de danzas y volteretas. La otra posibilidad era que el vil hombre que solía encontrar a la pasada, ajeno a la belleza de contemplarlas descansando en el suelo, hubiera decidido que eran un estorbo y prefiriera arrasarlas.
Como fuera, recordó que su corazón ahora era de piedra. El aprendiz del momento dejaba poco a poco de llamar su atención y, conforme su frío planteamiento consignaba, lo mejor sería llevarlo hasta la cima del monte y abandonarlo a su suerte. Si había aprendido algo durante el tiempo que lo siguió lograría sobrevivir hasta encontrar ayuda. Si no, pues bien, ese no podía ser su problema.
Era invierno. Él mismo era invierno.
Como fuera, recordó que su corazón ahora era de piedra. El aprendiz del momento dejaba poco a poco de llamar su atención y, conforme su frío planteamiento consignaba, lo mejor sería llevarlo hasta la cima del monte y abandonarlo a su suerte. Si había aprendido algo durante el tiempo que lo siguió lograría sobrevivir hasta encontrar ayuda. Si no, pues bien, ese no podía ser su problema.
Era invierno. Él mismo era invierno.
Olvida(r)
Tienes que olvidar, olvidar lo que nunca existió, lo que fue un sueño, una fantasía. Tienes que pensar en ti. Olvidar las conversaciones cortadas, los días de tan sólo mirarnos, olvida los intentos de llamar mi atención y las excusas burdas para conversar. Olvida, porque es doloroso seguir viviendo en la ilusión que apagó su luz. Tienes que olvidar y así, dejar de esperar. Sé que cuesta, pero tienes que intentar con fuerza. Apóyate en las decisiones tomadas, en los intereses verdaderos. No te dejes llevar por la idea de que vives determinado por otros. Es verdad que estamos rodeados de construcciones, pero puedes mirarlos como estímulos, no como condicionantes. Piensa quién serías hoy sin esos estímulos. O si quieres no pienses, pero sigue intentando olvidar.
Deja fuera a los astros y las predicciones. Conduce tu vida, dale un sentido que te haga feliz a ti y no necesariamente a quienes demandan tomar tu tiempo para ellos. Y qué si crees ser del mundo y no de un país o ciudad; y qué si no vives pensando en escapar al campo, sino que te refugias en el ruido de la ciudad. Eres un lobo, eres distinto, eres único aun siendo igual a otros en un sentido más básico. Date la oportunidad de crecer por ti mismo y, quién sabe, quizás algún día alcances a ser feliz o al menos a seguir juntando esos momentos que en conjunto lo hacen a uno ser llamado "una persona feliz". No entraremos a preguntarnos si es ese siquiera nuestro destino o la meta que debemos perseguir en la vida; nos bastará por ahora confiar en nuestro instinto y creer que sí, aunque la meta sea la vida misma.
viernes, 1 de junio de 2018
Ven, baila conmigo
Ven y baila conmigo. Bailemos una canción lenta, no importa cuál.
Sujeta mi cuerpo, me aferraré con fuerza y cariño.
Ven y hagamos con pocos días una vida completa, pretendiendo que el pasado no fue perdido y que el futuro no existe.
Me bastan unos minutos para sentirte conmigo.
Ven y rompe mis esquemas y declaraciones. Me pongo en la posición más vulnerable, supero la resistencia a tomar ese lugar, acallo cualquier instinto de supervivencia.
Sujeta mi cuerpo, me aferraré con fuerza y cariño.
Ven y hagamos con pocos días una vida completa, pretendiendo que el pasado no fue perdido y que el futuro no existe.
Me bastan unos minutos para sentirte conmigo.
Ven y rompe mis esquemas y declaraciones. Me pongo en la posición más vulnerable, supero la resistencia a tomar ese lugar, acallo cualquier instinto de supervivencia.
Ven, que ya no puedo apartarme de este camino.
jueves, 31 de mayo de 2018
Temores
Extendió su mano con temor pues la corriente fácilmente arrastraría su cuerpo liviano.
¿Y qué tal si el frío del río la volvía hermética? Bien se sabe que, al enfriarse, la materia se compacta adoptando una forma definida y aparentemente imposible de cambiar; se vuelve sólida al tacto y se resiste a deja pasar otros elementos de la forma en que habría hecho en otro estado.
¿Qué tal si tras dar cientos de volteretas y golpearse con las rocas y los troncos que se cruzaban en su camino, se golpeaba también con la sorpresa de haber perdido la capacidad de sentir? Si perdía la fortuna que hasta ahora le había permitido conmoverse, llorar o entusiasmarse ¿valía la pena siquiera lanzarse río abajo?
Y qué pasaría si una vez llegada al mar se descubría miserable.
No quería ser miserable en tristeza, ni ser miserable en el trato a otros (miseria que suele ser consecuencia de la del primer tipo). No quería volverse cínica.
Cuánto temor sentía de que un día le pareciera bien encerrar un ave en una jaula, contemplarla y pensar que eso era la belleza.
Cuánto temor sentía de morir en el desierto abandonada, que la dejaran ahí para hacerse una con el polvo.
¿Y qué tal si el frío del río la volvía hermética? Bien se sabe que, al enfriarse, la materia se compacta adoptando una forma definida y aparentemente imposible de cambiar; se vuelve sólida al tacto y se resiste a deja pasar otros elementos de la forma en que habría hecho en otro estado.
¿Qué tal si tras dar cientos de volteretas y golpearse con las rocas y los troncos que se cruzaban en su camino, se golpeaba también con la sorpresa de haber perdido la capacidad de sentir? Si perdía la fortuna que hasta ahora le había permitido conmoverse, llorar o entusiasmarse ¿valía la pena siquiera lanzarse río abajo?
Y qué pasaría si una vez llegada al mar se descubría miserable.
No quería ser miserable en tristeza, ni ser miserable en el trato a otros (miseria que suele ser consecuencia de la del primer tipo). No quería volverse cínica.
Cuánto temor sentía de que un día le pareciera bien encerrar un ave en una jaula, contemplarla y pensar que eso era la belleza.
Cuánto temor sentía de morir en el desierto abandonada, que la dejaran ahí para hacerse una con el polvo.
lunes, 21 de mayo de 2018
Meditación
Soñé que bailábamos entre las estrellas. No debía estar soñando y, sin embargo, lo hacía.
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